Generación Pandemia

Actualizado: 10 sept 2021


A través de los años, gran parte de nuestros comportamientos han sido guiados por el miedo. Miedo a la muerte, miedo al futuro, miedo a lo incierto, miedo a lo que no podemos dominar con nuestro propio control.


En el mundo occidental, llevábamos años viviendo en un contexto caracterizado por la estabilidad que carecen las épocas anteriores de constantes guerras y conflictos. Nuestros miedos se volcaron hacia nuestro mundo privado, transformándose en amenazas que atentaban nuestra vulnerabilidad individual y no tanto social como lo fue por mucho tiempo. Miedo a no alcanzar nuestras metas, miedo a no tener la familia anhelada, miedo a nuestro futuro económico, miedo a la infidelidad, miedo a tomar malas decisiones, miedo a nuestros propios impulsos y a no lograr hacer los miles de planes y proyectos que nos hacen sentirnos realizados como personas del siglo XXI. Es tanto el tiempo que invertimos en busca de la perfección en nuestro plan personal que nos olvidamos del panorama macro, dejamos de lado nuestra sociedad, dejamos de lado el mundo y pensábamos que solo nos necesitábamos a nosotros mismos para alcanzar el éxito. Nos sentíamos poderosos, en control de nuestras vidas y de nuestras decisiones. Nuestros logros nos reforzaban la capacidad de dominio que forjaba la base de nuestra autoestima y nuestros fracasos los vivenciábamos con una culpa inmensa por no haber tenido el poder suficiente para evitarlos. Éramos una suerte de Dioses racionales, poderosos y supuestamente indestructibles.


Los diversos acontecimientos sanitarios, políticos, ambientales que hemos vivido este último tiempo, han sido un remezón que no solo nos ha llevado a sentirnos desprotegidos, sino que nos ha quitado la capa de súper héroe y nos ha permitido tomar conciencia de que el control no lo tenemos nosotros, que existe un Dios, una fuerza, una energía que como seres humanos jamás podremos subyugar. Hoy, nuestro miedo es que somos nuevamente vulnerables como humanidad. Nos volvemos hombres y mujeres del pasado, preocupados por la supervivencia, atentos a la naturaleza, a las personas y al mundo que nos rodea. Hoy, nos preparamos para un futuro diferente que cada día cobra más fuerza, un futuro que nos permite ver por primera vez en mucho tiempo, nuestras limitaciones, donde nos vemos como parte de un todo más grande que nosotros mismos, pertenecientes a una comunidad y agentes de la naturaleza que nos llama a lo espiritual.

Macarena Bustos Aguirre

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